Sobre la fotografía

 

Trabajo realizado para la asignatura de

TEORÍA DE LA EXPERIENCIA ESTÉTICA

 Basándome en el libro de Susan Sontag “Sobre la fotografía”, para este trabajo me propongo hacer un elogio de la fotografía de manera personal, en el que se estudie esta disciplina artística de forma filosófica, atendiendo a los aspectos morales y estéticos que se puedan derivar de ella. Veremos cómo afectan las imágenes a nuestra manera de ver el mundo y se mostrarán también algunos ejemplos de la historia de la fotografía.


Tengo bien sabido que la fotografía es aquello que nos hace mirar y observar lo que nos rodea: echar un vistazo y poder coleccionarlo en forma de imágenes. La cámara captura la realidad y las fotografías interpretan el mundo.

Podemos ver la relación que tiene la fotografía con el tiempo, y es que permite conservar el pasado y hacer que el presente perdure en un sentido temporal, de manera que presente, pasado y futuro quedan conectados por medio de fotografías, al igual que un libro entraña historias que contar o momentos que recordar. Se dice que la fotografía es un medio rápido de tomar apuntes, que convierte la instantaneidad en recuerdo.

El mundo de la imagen y la importancia de las imágenes fotográficas en nuestra experiencia del mundo nos enseña que si son las vivencias las que configuran nuestra experiencia, las fotografías de esas vivencias son precisamente el modo de no olvidarnos de ello, y en el caso de hacerlo, de poder recordarlo.

Lewis Hine (a la izquierda) dijo que la fotografía es el documento humano que siempre mantendrá al presente y al futuro en contacto con el pasado y que sirve además como una manera nueva de tratar con el presente.

Pero la relación que la fotografía crea con la realidad es más compleja de lo que se puede pensar primariamente. Va más allá de lo visible, en el sentido de que lo que muestra es algo que no se ve a simple vista o que no todos ven. De hecho, hay que aprender a mirar con la visión del fotógrafo, para ver de verdad. Alfred Stieglitz (Galería 1) y Paul Strand (Galería 2),  por ejemplo, hablaban de “mostrar algo allá fuera”.

Galería 1

Galería 2

Algunos fotógrafos se centraron en la fotografía como agresión, pero agresión en el sentido de impactar, de democratizar las experiencias y traducirlas en imágenes que es lo que la sociedad va a ver. En ese aspecto, la fotografía se convierte en un instrumento de poder y de denuncia social, reflejando la realidad, como fue el objetivo de la Farm Security Administration – con Walker Evans, Dorothea Lange, o Rusell Lee entre otros. (Orden consecutivo en las imágenes).

La fotografía tiene varios usos, y uno de los más comunes se da con el turismo. El turista es una persona que tiene cierta dependencia de la cámara en tanto que es lo que da realidad a las experiencias, hasta el punto de que el acto de fotografiar satisface las necesidades de los “viajeros cosmopolitas que acumulan trofeos fotográficos”. Y reconozco que yo misma soy víctima de esta acción: el viaje se convierte en una estrategia para acumular fotos.


El acto fotográfico se convierte en el modo de certificar la experiencia, algo muy común hoy en día: no tiene sentido estar en un sitio y no hacer una foto de él, o una foto en la que se vea que estas en ese lugar. Clara muestra son las redes sociales, en las que se van acumulando todos los momentos y todas las experiencias. De hecho, si estuviste en un lugar y no apareces en la foto, es como si no hubieses estado. Fotografiar un acontecimiento es hacerlo digno de ello y un acontecimiento conocido mediante fotografías adquiere más realidad.


En ese sentido, la fotografía verifica la experiencia, pero también puede servir para rechazarla, como cuando se busca lo fotogénico, y si no se consigue es rechazado (pues nadie quiere verse feo, y tampoco en una foto).

La fotografía se ha convertido en uno de los medios principales para experimentar. Los acontecimientos adquieren el carácter deinteresantes y de ser dignos de fotografiarse, y una vez que los acontecimientos acaban o concluyen, quedan las fotografías, que los dotan de inmortalidad e importancia. Hacer una fotografía es tener interés en las cosas como están.


Pero con la fotografía también dignificamos lo feo, y hacemos que lo bello sea triste por decaer o dejar de existir. Todas las fotografías hacen que recordemos que somos “memento mori”, un recuerdo de que nuestra existencia es finita y en cualquier momento vamos a perecer. Por congelar un momento atestiguan la disolución del tiempo, de ahí que se diga que captura lo que desaparece o lo que va a desaparecer. La fotografía es un signo de ausencia.



Las imágenes están siempre ligadas a una situación histórica.Cada fotografía fija es un momento privilegiado convertido en un objeto que se puede guardar y volver a mirar. Las fotografías como objetos simbólicos e informativos.

Con la fotografía la historia se convierte en un conjunto de anécdotas, quea veces pueden incluso resultar desoladoras. No quiero hacer hincapié en la denuncia y el poder de las imágenes, sobre todo en sentido periodístico o ideológico como con las fotografías del matadero de la historia, que son golpes emocionales desmoralizadores.

Al igual que en la vida no es todo color de rosa, la fotografía descubre el melodrama de la vida y nos hace afrontarlo. Lo que ocurre con el tiempo es que la familiaridad con las imágenes dolorosas conlleva a una reducción de los escrúpulos morales, en el sentido de que provoca cierta alienación e incapacita para la empatía. De hecho, parece que los hechos de suma importancia se vuelven irrelevantes como algo que estamos ya acostumbrados a ver, y por ello no nos causa impacto.

Más allá de lo bello y lo feo, de lo importante y lo trivial, la fotografía nos enseña que la realidad no es ideal y que hay que desmitificarla. Revela la realidad y no la ideal.


La fotografía en un primer momento se precisaba como idealizadora, como que tenía que mostrar la belleza, y eso es algo que cambió. El concepto de fotografía bella no tiene por qué ser de algo bello. Como dijo Walt Whitman, cualquier cosa exhibe belleza, así que no es correcto decir que unas cosas son bellas y otras no, o al menos resulta muy superficial hacerlo. Así como tampoco hay que dar más importancia a unos hechos que a otros, de ahí que la fotografía conceda importancia y dote de valor a aquello que parece no tenerlo o a aquello que lo merece.

La fotografía como medio de expresión individual, como la expresión de uno mismo haciendo énfasis en ciertos aspectos de la realidad o de la personalidad. Puede provocar sentimientos como la empatía o la conciencia, y muestra de ello es lo que representa la figura de Stieglitz, afirmando de la vida por medio de sus fotografías.


    La fotografía en un primer momento se precisaba como idealizadora, como que tenía que mostrar la belleza, y eso es algo que cambió. El concepto de fotografía bella no tiene por qué ser de algo bello. Como dijo Walt Whitman, cualquier cosa exhibe belleza, así que no es correcto decir que unas cosas son bellas y otras no, o al menos resulta muy superficial hacerlo. Así como tampoco hay que dar más importancia a unos hechos que a otros, de ahí que la fotografía conceda importancia y dote de valor a aquello que parece no tenerlo o a aquello que lo merece.

La fotografía como medio de expresión individual, como la expresión de uno mismo haciendo énfasis en ciertos aspectos de la realidad o de la personalidad. Puede provocar sentimientos como la empatía o la conciencia, y muestra de ello es lo que representa la figura de Stieglitz, afirmando de la vida por medio de sus fotografías.

 Otra fotógrafa cuya obra se centra en el atractivo del ser humano, es Diane Arbus (galería bajo de texto). Lo que provocan sus imágenes es una identificación con el mundo y una comprensión histórica de la realidad. Si Luis Buñuel hacía películas para mostrar que este mundo no es el mejor de los mundos posibles, lo que hace Arbus es mostrar la existencia de otro mundo, pero un mundo que se encuentra dentro de este, y en el que se muestra “lo otro”, dentro de la cotidianidad, sus rarezas. La fotografía muestra lo desconocido para alguien. El tema de Arbus sería la conciencia, la esencia del sujeto. Sus fotografías muestran una peculiar melancolía con toques de surrealismo.

La fotografía, considerada como la más realista de las artes, también puede ser surrealista. Como decíamos anteriormente con Arbus, se puede crear una realidad de segundo grado. Su mensaje, que tiene que ver con la crítica social, se pone de parte de los desvalidos y aboga por los derechos de una realidad apartada 1. Muchas veces documenta o descubre la realidad oculta. Lo surreal lo pone la fotografía, y es en realidad una distancia social y temporal, de hecho, no hay nada más surrealista que la propia realidad, y es la fotografía la que vuelve las cosas interesantes. Y un ejemplo de ello son las fotografías de Brassaï:

Atendiendo de nuevo a aspectos sociales, puede decirse que delante de la cámara no hay clases, ya que todas las personas son fotografiadas por igual. Se fotografía desde pintoresco, hasta lo más importante y lo más bello, algo que podemos ver en la excentricidad de algunos fotógrafos como Richard Avedon:

La fotografía y concretamente la cámara como el artefacto que capta la magia de lo real, muestra sentimientos de surrealismo y melancolía.

William H. Fox Talbot lo ejemplifica con “las heridas del tiempo” en edificios y monumentos (fotografía izquierda). Es importante hacer mención a la relación también de la fotografía con la arquitectura y los grandes monumentos, que con el tiempo cobran más valor (un valor que para nosotros recae en los retratos y no tanto en la arquitectura). Además la distancia cultural y temporal incrementa nuestro interés.


De la relación entre fotografía y arquitectura nos trasladamos a la relación que la fotografía tiene con la muerte, que se nos explicita a través del envejecimiento, éste como una condición innata que nos recuerda la vulnerabilidad de la vida y, que por medio de la fotografía, hace una conversión del presente en pasado apreciable en el futuro. Ya el filósofo Walter Benjamin dijo que “la fotografía es lo que posibilita una nueva belleza en lo que desaparece”.

 Si nos remontamos al siglo XX y a los inicios de la historia de la fotografía, sabemos que esta técnica empezó con la “cámara oscura” y el daguerrotipo, pero seguidamente Fox Talbot presentó la fotografía en 1841 con el nombre calotipo: de kalos, bello. La fotografía descubre la belleza, y el interés por fotografiar es el interés por lo bello. Y si lo que se fotografía es algo feo es porque en cierto sentido parece bello.

Fox Talbot tuvo la idea de la fotografía cuando estaba dibujando con la ayuda de una cámara oscura que proyectaba la imagen sobre el papel (sin fijarla) y reflexionó sobre las imágenes de la naturaleza, con la intención de que esas imágenes pudieran llegar a estar impresas y perdurasen. Para mí, la cámara oscura, el hecho de que se registre una imagen solo con la mediación de la luz, es lo más parecido que hay a la magia.


Fotografía realizada con cámara estenopeica o cámara oscura


 Hay que decir, y en contra de aquellos que piensan que son las cámaras las que procuran imágenes, ya que siempre hay alguien que dice que tal cámara hace buenas fotos, que las fotografías no solo evidencian lo que hay, sino lo que un individuo ve, de manera que no son solo un registro sino una evaluación del mundo1.


No se trata de la visión, sino de la visión fotográfica, que es el modo de ver de la persona que está fotografiando. Es el fotógrafo el que crea el interés y el que descubre la belleza, el que toma la decisión de lo que se ve y lo que no. De ahí también que se diga, que “no es la cámara sino el ojo”. Además de que, en una buena fotografía, lo que interesa es lo invisible, que es lo que transmite el fotógrafo, y que se traduciría en un sentimiento.


Hay veces que la pintura o la propia visión no pueden demostrar o no captan la belleza del mundo, y es algo que sí que puede hacer la fotografía, como vemos en las fotografías de primeros planos Paul Strand (en su fotografía de "diseños abstractos compuestos por cuencos"), o también Albert Renger-Patzsch (en su fotografía de detalle de una planta):


En ese sentido, Edward Weston afirma que “El fotógrafo depura los sentidos revelando a otros el mundo que les rodea y mostrándoles lo que sus propios ojos ciegos habían pasado por alto” :

Como vemos, la fotografía no es solamentede retratos o de estructuras arquitectónicas. La geometría y las formas que nos encontramos en lo más cotidiano puede mostrar esa belleza que sólo el fotógrafo descubre. Por ello podemos decir, al estilo de Cartier-Bresson, que “hacer fotografías es hallar la estructura del mundo, regodearse en el placer puro de la forma, y revelar que en todo este caos hay orden”:

Muchas veces el criterio ha sido que las fotografías tenían que ser ante todo bellas. Sin embargo, hay un momento en el que la belleza pierde interés y uno se fija más en lo desolador, y ahí es donde aparece la aptitud de la fotografía para descubrir la belleza en lo humilde y decrépito, o la belleza de lo pobre, por ejemplo. No hay nada que ejemplifique mejor esa belleza de lo humilde Dorothea Lange.

Supuestamente,  los mejores escritos sobre fotografía son obra de moralistas, y lo que estos exigen a una imagen es que pueda hablar (“algo que no puede hacer”). Es como si las fotos necesitaran un subtítulo para poder expresarse “porque las palabras dicen más que las imágenes”, y esto es algo con lo que no estoy de acuerdo, ya que “una imagen vale más que mil palabras”. Esto es posible gracias a la relación de la fotografía con el lenguaje, y es que el lenguaje de la fotografía es un lenguaje universal: se entiende en cualquier idioma (además de que no hace falta hablar para entenderla).

Pero en relación con la moralidad, la fotografía dota a la realidad de humanismo, un humanismo que, por ejemplo con las fotografías de Paul Strand, nos empujan a la comprensión y la tolerancia, a la pérdida de prejuicios.

Con todo ello, vemos la misión moral y estética de la fotografía. Pero la fotografía tiene también una relación o una misión con respecto al conocimiento.

 

La fotografía dio un impulso a las pretensiones cognoscitivas de la vista ampliando lo visible, (con los primeros planos, por ejemplo). A su vez, la acción de fotografiar se puede interpretar de como un acto de conocimiento lúcido y preciso, de manera consciente, o como una especie de encuentro intuitivo.

Respecto a esto último, podemos ver la diferencia de opiniones que podía haber al respecto, como las de Nadar (que decía que los mejores retratos eran de gente que conocía bien) y Avedon (que decía que los mejores retratos eran de desconocidos). Algunos retratos de Nadar:

 Para hacer una buena fotografía, se tiene que haber visto de antemano esa fotografía, es decir, que la imagen tiene que existir en la mente del fotógrafo antes de la exposición del negativo.1 Vemos aquí una clara relación con Kant y su concepción del conocimiento, con aquello de que sólo conocemos a priori de las cosas lo que nosotros ponemos en ellas.

Entendemos entonces que la fotografía es la expresión de uno mismo, y que, como dijo Harry Callahan, lo que interesa son las fotografías que dicen algo de un modo nuevo, no por ser diferentes, sino porque el individuo es diferente y el individuo se expresa a sí mismo.


Pero hay una diferencia entre la fotografía como expresión auténtica y como registro fiel. Aunque la fotografía consiste, sobre todo, en una relación con el mundo, hay quienes hacen más hincapié en el carácter revelador de la fotografía desde un punto de vista más realista. Y es que, en palabras de Berenice Abbott, “el realismo es la esencia misma de la fotografía”.

Desde esta concepción más realista, la fotografía consistiría en la producción de imágenes que se asemejan al mundo y que nos informan sobre él. Pero el realismo fotográfico se basa en la creencia de que la realidad está oculta y que es la fotografía la que nos la desvela, de manera que lo que la cámara registra es como un descubrimiento. “Las fotografías muestran realidades que ya existen, aunque solo la cámara puede desvelarlas”.

Otro tema a tratar es la naturalización de la fotografía como arte. La modernidad y su definición abierta del arte hacen que la fotografía se encuentre dentro de este. La dificultad está en la distinción entre aficionados y profesionales, ya que son muchos los que tienen una cámara y hasta el más aficionado o amateur puede hacer una buena fotografía.

Una diferencia que encontramos a la hora de medir el poder de la fotografía en un museo, es que se puede presentar una imagen o copia del mundo o la conciencia de un artista individual. Yo me quedo con eso último. Y aunque la mayoría de las fotografías se hagan con propósitos científicos, industriales, periodísticos o familiares, la visión personal siempre forma parte de ellas.

Susan Sontag piensa que tiene sentido firmar un cuadro pero que una fotografía no, y que incluso es de mal gusto, pero eso en la actualidad se puede discutir bastante, sobre todo si tenemos en cuenta el robo de imágenes y la apropiación de derechos que se llevan a cabo diariamente. Además de que sin la firma no se reconoce la autoría, a menos que hablemos de un autor cuya obra sea muy homogénea. Algunos ejemplos de esa homogeneidad pueden ser las obras de Todd Walker (que solariza) o Duane Michals:


Para que una obra tenga integridad, los fotógrafos tienen que imponerse ciertas limitaciones, en el sentido de que la obra de un autor tiene que tener unidad y relación. Pero a nadie le gusta tener que limitarse, y no tiene sentido poder fotografiar una cosa y no poder fotografiar otra. La obra de Eugène Atget, por ejemplo, es muy diversa, pues va desde arboles a escaparates, cosas muy distintas que no por ello significa que le falte integridad a la obra. Esto es algo que hoy se soluciona simplemente con clasificar la obra en distintas series.

 Siguiendo con el tema de la fotografía como una de las bellas artes, se dice que la fotografía no es una disciplina artística aunque genere obras que pueden considerarse arte, algo que resulta bastante equívoco; y se dice por las diferentes aplicaciones que tiene, que pueden ir desde fotos de rayos X, a imágenes de catálogo o fotografías de boda. Por ello se piensa que la fotografía no es un arte como la pintura, aunque algunas obras de algunos fotógrafos si se consideren arte.1

Bourdieu habla de la fotografía como la imitación más fiel de la naturaleza.2 Las fotografías no son sólo imágenes que interpretan lo real, sino que son muestras de lo real que redefinen la realidad misma, y las cosas y los acontecimientos adquieren usos nuevos, con nuevos significados que transcienden las distinciones entre lo bello y lo feo o lo verdadero y lo falso.

Trascendiendo estas distinciones, podemos ver la obra de Antonini, que fue acusado de denigrar temas apropiados por el modo de fotografiarlos, distorsionando la imagen de la gente e incluso afeando su presencia espiritual.


Hemos visto la relación que la fotografía mantiene con la vida y los ámbitos estéticos y artísticos, pero sobre todo, la mira filosófica de la fotografía. Podemos concluir con una breve alusión a la filosofía clásica, y concretamente a la relación entre la fotografía y la filosofía, algo que se remonta hasta el mito de la caverna de platón y que podemos entender como una clara analogía: la fotografía es permitir a la luz entrar en la sombra, es salir de las tinieblas, e ir hacia la luz y hacia la sabiduría.

Podríamos decir que ser fotógrafo es ser artista, pero también que ser artista es primero ser filósofo, alguien que busca salir de la ignorancia y encontrarle sentido a la vida.

 

 

1Susan Sontag, Sobre la fotografía (Contemporánea: Barcelona, 2011), página 146.

 

2Bourdieu, El sentido social del gusto. Sociología de la percepción. página 82


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